Recordemos el origen de los hornos



Los primeros hornos se los debemos a egipcios y babilonios, que empezaron a usarlos hace más de 5.000 años.
En esencia consistían en una especie de tapa de adobe en forma de campana que, por primera vez, permitía que los alimentos se cocinasen tanto por arriba como por abajo.
En otras culturas de la antigüedad se usaban hornos abiertos, para lo que se hacía un hueco o zanja que se forraba de piedras y luego se calentaban con fuego antes de colocar los alimentos, que se cubrían con vegetación.
En algunos países de moros usan el horno tandoor, de forma cilíndrica, con un fuego de carbón vegetal en su parte inferior y que llega a alcanzar temperaturas superiores a 400 °C.
Este horno permite ahumar los alimentos al tiempo que se cocinan, pero tiene el inconveniente de que, al tener la puerta por la parte superior, se experimentan fuertes pérdidas de calor.

los datos precisos sobre el nacimiento del arte de cocinar en un horno de barro se pierden en la historia de la humanidad. Su origen, según recientes descubrimientos, nos remonta a Egipto (4000 años a.C.) y una amplia región, más precisamente en la media luna formada por los ríos Tigris y Eufrates, lugar bendecido por la excelente calidad de arcilla, muy particular por su dureza y aislamiento, conservando el calor mucho mejor que otros barros o tierras arcillosas.

Los primeros hornos calentados mediante leña que se conocen se remontan al antiguo Egipto. Se han descubierto construidos con ladrillos y con arcilla del río Nilo con un hueco para depositar la leña en la parte de abajo, una cavidad en el centro donde se quemaba la leña y finalmente la parte donde cocían, esta parte con puerta. Así que era el techo del hogar y al mismo tiempo el piso de cocción del horno que transmitía en calor del fuego para calentar el horno y la consiguiente cocción de los alimentos, especialmente del pan.
Más tarde, los griegos herederos de la civilización egipcia dieron forma única al horno desarrollando la vuelta de la cúpula donde se encendía el fuego para calentar el horno y luego cocinar en su plano.
Los romanos que tomaron todo de los griegos emplearon el horno como una forma conveniente de transformar el trigo como alimento básico de la población y de los soldados.
Tanta era la importancia que bajo Numa Pompilio (segundo rey de Roma, sucesor de Rómulo, (715 adC – 674 adC) se instituyeron 15 días de fiesta popular en febrero en honor a la diosa Fornax tutelar del buen funcionamiento del horno y del perfecto horneado del pan, llamándolos Fornacalia. En italiano fornace indica una cavidad donde arde un fuego y fornacella la parte de abajo donde viene apartada la brasa que se le saca. También un artefacto para cocinar, conjunto cilíndrico con cuatro patas con hierros atravesados a unos 25 centímetros del borde a manera de grilla, donde se coloca el carbón o leña para encender; la parte de abajo tiene una boca para extraer la ceniza que se cae de la parrilla y a su vez hacer de toma de aire. Hay hornillos de hierro fundido que directamente encajan en la parte superior con fondo rejilla extraíble y aros que encajan en la parte superior para adecuar la apertura al utensilios que se le pone arriba para cocinar.
El horno romano estaba construido con el recurso del arco empleado extensamente en sus construcciones como medio para que un techo se sostenga con el mismo material que lo compone. Algunos eran construidos con una doble cúpula con una cámara que servía de aislamiento.

 

 

 

 

 

 

 

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